Muy cerca de Ponferrada, entre montañas, arroyos y caminos llenos de historia, se encuentra Compludo, una pequeña localidad berciana que conserva el encanto sereno de los pueblos tradicionales. Llegar hasta ella ya forma parte de la experiencia: desde Ponferrada, el recorrido avanza en dirección a Molinaseca y continúa por la carretera hacia Astorga, siguiendo el entorno del Camino de Santiago. Tras cruzar Riego de Ambrós y antes de llegar a El Acebo, un desvío conduce al visitante hacia este rincón singular, rodeado de naturaleza y silencio.
Uno de sus grandes tesoros es la Herrería de Compludo, declarada Monumento Nacional en 1968 y magníficamente restaurada. Se encuentra antes de llegar al pueblo, en un paraje de gran belleza, junto a la unión de los arroyos Miera y Miruelos. Para acceder a ella, hay que seguir un agradable sendero señalizado que discurre junto al río, entre vegetación, agua y piedra, creando una atmósfera perfecta para descubrir uno de los lugares más especiales de la comarca.
La Herrería permite viajar al pasado y conocer de cerca una actividad esencial en la historia del Bierzo: el trabajo del hierro. En su interior se conserva el mazo, accionado por una rueda hidráulica, y la fragua con trompa catalana, un ingenioso sistema que inyecta aire aprovechando el principio de Venturi. Es, además, la única herrería de la comarca que se mantiene en funcionamiento, lo que convierte la visita en una experiencia viva, capaz de mostrar cómo era la actividad siderúrgica tradicional en tiempos medievales.
Compludo invita también a pasear con calma por su entorno y a descubrir su iglesia parroquial, construida en el siglo XVI con planta de cruz latina. En su interior destaca un retablo de estilo purista fechado en 1533, una joya artística que completa la visita a este pequeño pueblo cargado de historia.
Naturaleza, patrimonio y tradición se unen en Compludo para ofrecer una escapada diferente, ideal para quienes buscan descubrir lugares auténticos cerca de Ponferrada. Un destino tranquilo, lleno de memoria, donde el sonido del agua y el golpe del hierro recuerdan todavía los antiguos oficios que dieron vida a estas montañas.